
Siempre me llamaron la atención, cuando viajaba en el tren de la costa, aquellos largos y solitarios tallos que a lo lejos, siempre dejaba atrás. Aparecían y desaparecían como los postes de teléfono, o los mástiles con banderas que anunciaban alguna playa.

Con el tiempo supe que eran pitas o ágaves y más nombres que no recuerdo, y que a lo largo de su existencia, se van reproduciendo retoños a su alrededor, hasta el día de su floración, que solo sucede una vez en toda su vida.
Acabada la floración y madurados los frutos, el ÁGAVE comienza su larga agonía, momento en que para mi dejaba de tener interés…pero un día comencé a observar su transformación; fue en aquellos momentos cuando aparecieron ante mi objetivo, imágenes abstractas en las que ágaves muriendo, creaban caras inquietantes, formas sensuales, mosaicos milenarios, armonías y colores que no dejaban de sorprenderme.
Esta experiencia hizo que a partir de aquel momento empezara a dedicar parte de mi tiempo en contemplar y captar la riqueza de color, ritmos y texturas, que se presentaban ante mi al profundizar en los detalles de una pequeña parte, de este pequeño cosmos.
Fotografias: Franki
Video Primeros planos: Franki


